Primer aniversario en Catalunya

Un 23 de Septiembre de 2013 como a las nueve y cachito de la mañana, justo hoy hace un año, después de unos cuantos meses de un paso relámpago por aquí, volvía a pisar tierras catalanas; pero esta vez para quedarme por un buen tiempo.

La historia no pintaba muy fácil, todavía a 2 horas de llegar a Barcelona no tenía claro ni siquiera a dónde iba a llegar, además de que conocía poca gente. A eso añadirle miedos qué superar, alguna incertidumbre sobre lo que sería el trato de la gente con respecto a algunos acontecimientos recientes, en fin, tantas cosas.

Sin embargo en muchas cosas me equivoqué. Desde el momento preciso en que llegué a esta tierra, hasta hoy, no han faltado manos amigas, y eso siempre es de agradecerse. Tan así que, a los dos días de haber llegado, ya estaba celebrando mi cumpleaños con algunos de ellos.

Esta tierra no es mía, sus costumbres, su lengua, su política, sus ideas, y todo lo suyo no termina de crearme una identidad, sin embargo sus calles, su vida misma, pero sobre todo su gente, me han ayudado a crecer muchísimo en el ámbito personal, y eso es algo que para mí no tiene precio, por lo que no hay manera de pagarlo.

Por cierto, yo entré aquí por un máster, ¿verdad? Pues sí, un máster que deseaba muchísimo hacer, que conjuntaba las dos cosas que más me gustaban, en primer lugar la informática, que es como mi vida misma, y en segundo lugar el Derecho, que es la carrera que decidí estudiar, y la cual también me ha dado muchas gratificaciones. Justo hace unos días acabo de presentar mi trabajo final de dicho máster, y deberé defenderlo en dos o tres semanas, consumando así un sueño más, un deseo más que mi Dios y mi gente me han permitido y ayudado a conseguir.

No puedo mas que estar feliz, feliz porque aunque este año ha tenido momentos agridulces, y aunque tampoco pueda decir que en este momento todo es perfecto, la vida ahora pinta como una montaña rusa, una montaña rusa de la cual me parece que ya no se puede bajar, pero la mera verdad es que tampoco tengo ninguna intención de hacerlo.

Antes de terminar, no puedo menos que agradecer a todos aquellos que me han dado la mano aquí, pero sobre todo a ese par que me abrieron las puertas de su casa, aún casi sin conocerme de nada, y que a lo largo de todo este año no han dejado de ofrecerme toda la energía macnética de su amistad.

¿Y hasta cuándo? Quién lo sabe. Eso solo se puede decir con la entonación de unos puntos suspensivos.

¡Y que este «planetita de goma» siga girando!, que así me va bien.

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